ACOMPAÑAMIENTO FILIAL Y DEVELADOR
Herramientas para acompañar al muriente y para gestionar el duelo de su entorno
La medicina del siglo XXI contribuye paradójicamente al desfonde del
muriente. Preocupada en exceso por curar, aun sabiendo como aliviar las
penalidades del proceso del morir, consigue que el moribundo que queda
lejos de su hogar o de una unidad de cuidados paliativos sea un náufrago a
la deriva en el mar hospitalario..
El protocolo es insustituible y las pautas sagradas. El paciente entregado al
entramado hospitalario pasa a pertenecer a los rectores de este, que están
aún mas legitimados, no ya solo con la firma protocolaria de los
consentimientos informados y con el acceso del enfermo a la carta de sus
derechos, meros tics creados para la imagen más liberal y democrática de la
política sanitaria de turno, sino que ante el pavor, desconcierto y miedo que
produce el enfrentamiento con la muerte, los familiares ponen en manos
de la institución sanitaria y por ende del médico a su enfermo, que ya deja
de serlo.
En este momento, el muriente es un pecio errante, un ser arrojado a la
soledad más terrible, un ser sufriente con muchas necesidades que han de
ser satisfechas para no hacer de su último tramo lo peor.
En respuesta a esa situación, donde han confluido otras en las que la
obsesión terapéutica ha trasvasado los límites de la autonomía del
muriente, y donde amparados en determinadas creencias religiosas, se
identificaba dolor y sufrimiento como trascendentes y necesarios de
aceptar como actitud purificadora para el muriente, surgieron las unidades
de Cuidados Paliativos.
Esta medicina paliativa, a la que desgraciadamente aún se considera como
una medicina de segundo orden, nace de objetivos distintos de la medicina
curativa, se desarrolla en torno a la mejora de calidad de vida del muriente.
No busca ya la prolongación de la vida a cualquier precio.
Ya no es una lucha contra el tiempo, sino un respeto por este como campo
de enriquecimiento y sentido. En su enfoque integral la medicina paliativa
ya no trata al cuerpo como algo fragmentado, propio de la medicina
curativa, sino como cuerpo de una persona, lo que Cecily Saunders
denomina “dolor total”.
En este punto se propone una participación en el grupo interdisciplinar del
orientador filosófico, en tres esferas que están directamente relacionadas y
que participan en simultáneo en la puesta en escena del final de una vida y
para las que se ofrecen algunas herramientas que no provienen
exclusivamente del método.
En este taller que desarrollaremos en dos sesiones de dos horas de duración
cada una. Desde una doble perspectiva, la de acompañamiento al muriente
y la de acompañamiento a su entorno en la construcción del duelo, el taller
busca acercarnos a un proceso que la postmodernidad ha desnaturalizado,
al tiempo que se ha deshumanizado arrancándolo de su escenario habitual
para trasladarlo a hospitales y tanatorios donde desposeerlo de su
verdadero sentido.